MUNDO MUTI: LA ETAPA DE GRANT MORRISON EN X-MEN.

Escrito por artesecuencial 23-12-2007 en General. Comentarios (0)

 

¡Qué buena es a veces una relectura comiquera! Había escrito un artículo bastante crítico con la etapa de Grant Morrison en la serie X-Men pero una vez releídos todos sus números del tirón tengo que reconocer que mi memoria me había jugado una mala pasada. No sólo me han parecido un buen puñado de tebeos si no que creo que es una de las mejores etapas de las series mutantes en mucho tiempo (junto con la de Austen, una de mis debilidades).

 

Los primeros números de Morrison marcaron lo que sería después la serie: unos X-Men más macarras y bizarros que abandonaban los pijamas de colorines para enfundarse trajes y chupas de cuero, nuevos personajes igualmente bizarros (unos frikis, vamos), situaciones más escabrosas y “adultas”, escenarios  tétricos, etc. los personajes se mostraban más acordes a los tiempos actuales, librándose un poco de ese incómodo corsé que llevan puesto desde hace demasiado tiempo.

 

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Pero la mejor aportación de esos números iniciales fue, sin duda, la aparición de Cassandra Nova como una nueva y descomunal amenaza. Por fin un guionista era capaz de crear un enemigo verdaderamente carismático y diferente para los X-Men. Así, perdíamos de vista por un tiempo a los pesados de siempre (Magneto, Apocalipsis, Mr. Siniestro, etc.) para ver algo novedoso y atractivo. Además, Morrison, explotaba muy acertadamente el humor negro y ese cinismo tan particular y común a muchos de los guionistas británicos que triunfan en el panorama comiquero de los USA.

 

En su segunda historia larga, el guionista flojeaba una pizca con una trama un tanto críptica en torno al mítico proyecto Arma Plus (anteriormente conocido como Arma–X). Morrison manejaba ideas sumamente interesantes pero no llegaba a desarrollarlas en profundidad, quedándose un poco en la superficie. En estos números quedaban muchos cabos sueltos que el guionista intentaría resolver más tarde. También nos presentaba a Fantomex, un personaje interesante (a pesar de su nombre) que tendría cierto protagonismo en el futuro. Hay que decir, como otro punto a favor de Morrison, que ha sido de los pocos guionistas que ha intentado desentrañar la maraña esa del proyecto Arma-X (un rollo que Marvel lleva explotando décadas sin querer darle una solución de una puñetera vez), dándole, además, un “toque” diferente y original.

 

Después de algunas historias cortas Morrison haría su saga más bizarra y personal. En ella cobraban protagonismo “sus” personajes, aquellos creados por él para ser usados en su periplo muti (caso de Ángel, Pico, Quentin Quyre, Esme y sus hermanas y demás frikis). El británico supo tratar muy bien las relaciones entre los estudiantes de la Escuela y manejó muy bien a esos muchachos inadaptados, marginados y despreciados por la sociedad por su condición de “rarezas” mutantes. La trama no era un demasiado original pero estaba bien contada y era bastante fresca y diferente. Además de esto, el gran trabajo de Frank Quitely (con sus “cosillas”) ayudaba mucho a dejar un buen sabor de boca. Esta buena historia de marcado carácter juvenil fue bastante importante en la etapa del guionista, siendo el “puente” entre una fase inicial muy prometedora y la fase final de su “plan”.

 

La segunda saga relacionada con Arma Plus fue, bajo mi punto de vista, la más floja de todas. El guionista británico hizo encaje de bolillos para hacer un final medianamente coherente pero se notaba cierta improvisación (con la “invisible” muerte de Arma XV, personaje central de la historia y otras pifias). Algunos aspectos no quedaban muy claros y la saga parecía un “relleno” destinado a ganar tiempo para la traca final que llegaría pocos números después.

 

El desenlace del periplo de Morrison en X-Men tuvo sus luces y sus sombras pero hay que decir que, al menos, tuvo un “algo” especial. Es cierto que matar a Jean Grey por enésima vez y “resucitar” a Magneto no es nada nuevo ni excesivamente original pero hay formas y formas de hacer las cosas. Me gustó mucho la manera en que Morrison defenestraba al villano (haciendo que se volviera medio loco por su enorme ego) y la “muerte” de Jean, contada con sentimiento y en un clímax muy logrado. Ya digo que el final no fue una maravilla pero tuvo sus momentos.

 

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Para poner el colofón a su etapa en la serie, el escritor británico nos “regalaba” un epilogo en forma de cuatro números situados en un futuro apocalíptico en el que unos pocos mutantes (entre ellos, por supuesto, Lobezno) luchaban por sobrevivir en un entorno hostil. Lo malo de esta historia es que era demasiado densa y críptica (incluso para el lector de la colección de toda la vida). Lo mejor eran los momentos retrospectivos en los que Cíclope tomaba las decisiones que cambiarían el futuro de la humanidad y el dibujo de Marc Sivestri. Desde luego la idea daba para mucho más pero creo que a Morrison se le fue un poco la olla. Aún así, no era una mala historia.

 

Puede que el periplo de Grant Morrison en X-Men no esté a la altura de otras grandes etapas que ha disfrutado la serie a lo largo de la historia pero no se puede negar que tuvo momentos más que notables y a destacar entra tanta mediocridad a la que estamos acostumbrados en los últimos años en la franquicia mutante.